Capítulo 3 - Reacción y crisis de la mística del recogimiento (II)

Fotografía: Anita (Creative Commons)
3.3 Devenir histórico de la oración de recogimiento
Aunque ni el quietismo ni el alumbradismo parece que tuvieron relación con el movimiento de Lutero, la aparición de la Reforma y la similitud de algunas proposiciones, como la “sola gracia” y el rechazo de la liturgia y sacramentos, contribuyó a confundir todos estos movimientos. La Inquisición, precisamente creada para combatir una herejía iluminista, la de los cátaros, tuvo que empeñarse a fondo para detectar y condenar cualquier asomo de desviación. El propio Erasmo de Rótterdam fue visto con sospecha, aunque siempre permaneció fiel a la Iglesia Católica.
En Europa, el temor al quietismo refuerza la oración mental y afectiva clásicas. Tenemos un ejemplo en cómo el famoso clérigo Bossuet, defensor del “galicanismo” o doctrina que defendía la supremacía de rey Luis XIV sobre la Iglesia, se enzarzó en una agria polémica al acusar al no menos célebre Fenelon, teólogo y poeta, arzobispo de Cambrai, de quietismo (aunque en su caso debería hablarse más bien de “semiquietismo”, al no ser tan radical como Molinos). La conclusión de esta polémica fue que el papa Inocencio XII condenara veintitrés proposiciones de los escritos de Fenelon, principalmente contenidos en su Explications des Maximes des Saints (1). Resultaba evidente que había pasado la “primavera mística” y en la Iglesia se miraba con desconfianza cualquier alusión a todo lo que sonara a quietismo o iluminismo, incluyendo la vía mística del recogimiento. Desde entonces y hasta mediados del siglo XX se ha pretendido relegar la oración de recogimiento a ambientes clericales selectos y a los monjes de vida contemplativa, considerándose apropiada solo para unos pocos, a diferencia de la vivencia y sensibilidad del siglo XVI. Tampoco han faltado acusaciones de error y desviación de la ortodoxia a los místicos de las últimas décadas. De manera reiterada, a la oración de recogimiento, en cuanto es “extraña” a lo ordinario, se le suele oponer una serie de objeciones: los habituales son los de inacción, iluminismo, rechazo de la acción cristiana y de la liturgia o incluso de no ser cristocéntrica. Sin embargo al auténtico recogimiento activo no se le puede hacer ninguna objeción; baste mencionar que su principal impulsora es considerada Doctora de la Iglesia. Otras prevenciones contra esta oración son de carácter más bien ingenuo o menos fundado, como las de proceder de influencias de Extremo Oriente o ser panteísta o simplemente que son una pérdida de tiempo, frente a lo sólido y coherente de la meditación y oración discursivas. Es difícil seguir el discurso reflexivo de los místicos, que cuando hablan de su experiencia ineludiblemente deben recurrir a expresiones que, tomadas literalmente, pueden llevar a acusaciones de panteísmo o autodestrucción en la Nada (2). Por ello se han vertido en todo tiempo sospechas desde las instancias oficiales de la Iglesia sobre algunas figuras místicas. La forma de hablar del místico describe un acontecimiento, y no pretende elaborar un concepto, terreno propio de la teología, que por ello entiende que muchas expresiones del orante de profundidad son heterodoxas. Otra cosa sería la prudencia magisterial, que puede aconsejar moderar o limitar la divulgación de textos místicos ante el temor de mala interpretación. En este sentido se ha llegado, por ejemplo, a criticar el “apofatismo radical” del jesuita Anthony de Mello: El autor sustituye la revelación acontecida en Cristo por una intuición de Dios sin forma ni imágenes, hasta llegar a hablar de Dios como de un vacío puro… Nada podría decirse sobre Dios; lo único que podemos saber de Él es que es incognoscible (3). Si bien más adelante se citan otros pasajes que pueden llevar a confusión doctrinal al lector, es interesante comparar el texto anterior con algunas frases de Santa Teresa:
No se puede decir más de que -a cuanto se puede entender- queda el alma, digo el espíritu de esta alma, hecho una cosa con Dios (4) o también: Quizá es esto lo que dice San Pablo: El que se arrima y allega a Dios, hácese un espíritu con Él (5).
Es evidente que una lectura apresurada y fuera de contexto de estas frases pueden inducir a pensar en panteísmo. Como una señal más de confianza, en los momentos de sentirse censurado hay ocasión de discernir la altura del místico que, si es elevada, acepta con respeto las decisiones de sus superiores o del Magisterio, dando testimonio con su humildad de la sinceridad de su oración.
Posiblemente en los tiempos actuales se asista -con el riesgo de aparición de modernos alumbrados y quietistas- a una época de esplendor de la mística parecida al siglo XVI. Para teólogos como Karl Rahner la cuestión es clara: “el cristiano del futuro o será místico o no será cristiano” (6).
(2) Cf el siguiente texto de ECKHART: …sólo cuando el hombre se halla vacío de Dios y de todas sus obras de modo que Dios mismo… es el lugar donde va a obrar…
(3) Congregación para la Doctrina de la Fe, Notificación de 24 de Junio de 1998
(4) TERESA DE JESUS. Moradas, Séptimas Moradas 2, 3
(5) Ibíd. Moradas. Séptimas Moradas, 2, 5
(6) RAHNER, K: Espiritualidad antigua y actual, en “Escritos de Teología”, T. VII, 22 Madrid 1967