En el umbral de la contemplaciónOración contemplativa

Capítulo V - La oración de recogimiento activo. Perspectiva antropológica (III)

Fotografía: Maciej Biłas (Creative Commons)

5.3 Acercamiento científico a los fenómenos místicos

Sin duda, el proceso místico ha atraído la atención de los estudiosos de la ciencia principalmente no en cuanto a su propia naturaleza, sino por los fenómenos que ocasionalmente le acompañan, o por la extraordinaria personalidad de algunos místicos. Ya en la época de Santa Teresa existía una cierta curiosidad morbosa por algunos fenómenos, como levitaciones o arrobamientos que, en cambio eran vividos como un gran inconveniente por la santa. Más recientemente, la mayoría de los estudios psicofisiológicos de los fenómenos místicos se han realizado desde las instancias científicas predominantes, que parten de un prejuicio determinista o mecanicista. En síntesis, los investigadores racionalistas vienen a afirmar que son los cambios en los componentes físicoquímicos corporales y especialmente cierta actividad en el cerebro límbico, los que generan el llamado “fenómeno místico”, teoría reforzada por la presencia de fenómenos parecidos en contextos no religiosos. La evocación de ideas e imágenes de contenido religioso, junto a la repetición rítmica de una palabra o una corta frase estimula a esta zona del cerebro, provocando una experiencia mental placentera, que se ve favorecida por el silencio ambiental y la deprivación sensorial. No pocos científicos reduccionistas liquidan con esta teoría todo el debate sobre la mística (1). Esto cuando no la identifican a estados mentales patológicos y parecidos a los que se provoca por el consumo de ciertas drogas psicodélicas. Estas drogas (LSD, mescalina, alcaloides del peyote) alteran la percepción al punto que pueden reproducir sensaciones de desaferenciación similares a las aparecidas en el proceso oracional, pero en un contexto francamente patológico (2) (3). Es sabido el deletéreo efecto de estas drogas a corto plazo en la voluntad e inteligencia, cosa que no ocurre en los místicos. A poco que se profundiza, las bases experimentales de estas teorías son más bien ingenuas y hasta irrisorias (4). Los místicos han sido acusados de padecer todo tipo estados patológicos que se traducen en alucinaciones y que explicarían sus vivencias (5). Se ha llegado incluso a relacionar los éxtasis y las sensaciones subjetivas asociadas a la oración con estados de simbología sexual (6).

Los científicos serios sólo afirman que durante los estados de concentración y relajación profunda se producen ciertos cambios cerebrales, todavía poco estudiados y que podrían ser secundarios a la pérdida de referencias sensoriales, o a mayor activación de ciertas áreas, como el lóbulo frontal. Se ha escrito y hablado hasta la saciedad de los famosos “ritmos alfa” cerebrales que estarían en la base de los fenómenos de meditación y oración profunda; incluso se ha hecho publicidad de dispositivos que mediante la generación de ondas alfa inducirían un estado místico. En rigor, poco se sabe de las relaciones entre las ondas cerebrales detectadas por el electroencefalograma (procedimiento más bien grosero de estudio del cerebro) y los propios procesos cerebrales y aún menos con los mentales. El ritmo alfa se genera, en situaciones normales, en situación de vigilia y en reposo, con los ojos cerrados. No parece nada extraordinario que se detecte en estados de oración. Otra cosa es llegar al absurdo de relacionar su generación, más o menos voluntaria, con la posibilidad de crear un espacio meditativo místico. Recientes intentos con nuevos dispositivos de imagen, como la Resonancia Nuclear Magnética tampoco han aportado nada de interés (7) (8) salvo la negativa reiterada de algunos para aceptar lo trascendente (9).

Recientemente se ha desarrollado la “Neuroteología”, una disciplina aún muy poco sistemática a caballo entre la neurología y psicología, y que intenta aportar argumentos tanto a favor como en contra de la realidad o bondad de los estados contemplativos. Tiene un carácter de sincretismo religioso que la hace algo confusa. Es difícil que este empeño pueda aportar nada importante, ya que los fenómenos religiosos son de tipo espiritual, aunque acompañados siempre –puesto que se producen en el ser humano- de una serie de fenómenos corporales. Éstos probablemente no sean exclusivos del estado de oración, siguiendo las pautas de economía de la fisiología, que tiende a utilizar vías comunes para diversos efectos.

Para la Psicología no religiosa, el fenómeno místico se encuadra dentro de los llamados estados de conciencia “alterados” (del inglés altered states of consciousness), cuyo sentido propio en castellano sería mejor el de “modificados o diferentes”, ya que el término alterado sugiere algo patológico, por lo que es común confundirlo con las neurosis o alucinaciones. Ya a principios del siglo XX, el filósofo pragmático Williams James intentó una sistematización de la experiencia religiosa (10). Éste y otros autores intentaron describir o clasificar los fenómenos místicos, y generalmente los integran en una fenomenología compartida con los estados patológicos, si bien hacen distinción entre mística “natural” y “religiosa” (11), términos acogidos gustosamente por diversas corrientes laicas que exhiben una auténtica idolatría del conocimiento científico.


(1) RUIZ DE LA PEÑA JL. Dios y el cientifismo resistente, Salmaticensis, 39, 1992, pp. 217-243.
(2) OTERO AIRA, L. Las Plantas Alucinógenas, Barcelona, Paidotribo 2001.
(3) ELLENHORN, M. Drugs of Abuse. En: Ellenhorns´ Medical Toxicology. Williams & Wilkins; Baltimore 1997
(4) Diario “El País”, domingo 24 de septiembre de 2006, pp. 8: Cuando Dios pone en ebullición el cerebro
(5) GARCÍA-ALBEA, E. La epilepsia extática de Teresa de Jesús. Rev Neurol 2003; 37: 879-87
(6) GARCÍA-ALBEA E: Teresa de Jesús, una ilustre epiléptica: con una breve historia de la enfermedad sagrada. Huerga y Fierro 2002
(7) BEAUREGARD M. Nuns go under the brain scanner. Nature, 30 Agosto 2006; el autor efectuó RNM en monjas que “evocaban una experiencia de recogimiento”, llegando a conclusiones bastante poco fundamentadas.
(8) La mayoría de comunicados sobre un sustrato cerebral de los estados místicos provienen de fuentes no contrastadas, a veces imposibles de localizar o que no tiene nada que ver con las tesis sustentadas, en libros y revistas de corte gnóstico o “alternativo”.
(9) PERSINGER, MA. Neuropsychological Bases of God Beliefs. Praeger Publishers, 1987
(10) JAMES, WILLIAM. Las variedades de la experiencia religiosa. Estudio de la naturaleza humana, Editorial Península, Barcelona, 1986
(11) ZAEHNER, RC. El lugar del misticismo en la religión. AA.VV. Sígueme, Salamanca 1975
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