En el umbral de la contemplaciónOración contemplativa

Capítulo V - La oración de recogimiento activo. Perspectiva antropológica (IV)

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

5.4 Psicología oriental y oración. La mística desde la Psicología Religiosa

Durante los años sesenta y setenta, con la aparición de la “Meditación Trascendental” (1), se asiste a un auge popular del orientalismo, lo que atrajo el interés científico hacia los fenómenos extáticos y la psicología transpersonal; (ya hubo un interés similar a fines del siglo XIX pero reducido a círculos artísticos y científicos). Proliferan entonces las publicaciones científicas y de divulgación más o menos serias, y algunas otras francamente desatinadas. Lo religioso no podía quedar ajeno a estas corrientes, máxime cuando estas prácticas “orientales” proporcionan, adecuadamente empleadas, alivio de tensiones y autocontrol en muchos casos. Las técnicas del “Za-Zen”, por ejemplo, fueron acogidas como una buena preparación para la oración por algunos sacerdotes introducidos en las costumbres de Oriente, como el jesuita Lasalle (2). Hay numerosas referencias a las similitudes entre el proceso contemplativo y lo que describen filosofías o religiones no cristianas, que realizan prácticas de concentración, ejercicios físicos o de respiración (Za-zen, sufismo, Hinduismo Mahayana), en las que se aspira a la elevación del ser humano a un estado superior (samahdi, nirvana), en el que el hombre se diluye en una especie de conciencia cósmica. De modo muy superficial, se ha querido identificar por la moderna gnosis la mística cristiana con la entrada en estos estados, pero sus posiciones son claramente panteístas frente al cristocentrismo cristiano. En la tabla III, al final de esta obra se exponen las características diferenciales entre la oración cristiana y las experiencias de tipo cósmico o personalista de la meditación oriental.

La divulgación de diversos métodos de “iluminación” favorece una nueva corriente de religiosidad un tanto ingenua y descoordinada, pero que será aprovechada por la corriente conocida como “Nueva Era” para justificar un relativismo panteísta de nuevo cuño. Junto a estos movimientos prolifera un sinfín de técnicas curativas que se revisten de cierta pretensión mística (Reiki, Siatshu, chamanismo).

En la propia Iglesia penetran con fuerza conceptos sobre vida interior que, aunque proceden de culturas con un acertado conocimiento de la psique humana y alta espiritualidad, llegan a Occidente fuera de su contexto originario (en el que la ascética juega un papel muy notable) (3) y rápidamente son asimiladas por las corrientes de postmodernidad, que interpretan algo libremente la adaptación a nuestro tiempo (el aggiornamiento) propuesto por el Concilio. Proliferan los talleres, grupos y cursos de oración que operan con acierto diverso. En general, este cambio de posicionamiento hacia la vida interior ha conducido a prestar una mayor atención a la corporalidad como parte del fenómeno religioso, acabando con una línea de pensamiento en la que el cuerpo era considerado como algo negativo, dentro del neoplatonismo aún demasiado presente en la Iglesia y que desvirtúa muchos conceptos cristianos que proceden de la tradición judía, ajena al dualismo.

Parece olvidarse que existe una rica tradición en el movimiento monástico cristiano sobre la disposición corporal y mental para la oración, como se ha hecho mención previamente. Esta tradición se ha mantenido con particular énfasis en la iglesia ortodoxa oriental, como es el caso de los monjes hesicastas (4) y se ha vertido en tratados muy conocidos (5) en esos ambientes, como los que describen la “oración de Jesús”, cuyas características esenciales coinciden con las de la meditación mediante mantras (oración corta repetitiva) o con los rezos de ese mismo tipo tan comunes entre nosotros como el Rosario, las Letanías y otras devociones.

Más grave aún sería deslumbrarse con las técnicas de liberación interior unidas a perniciosas corrientes de pensamiento relativista, tipo Nueva Era o alguna de las numerosas sectas actuales y confundir el objeto último, que es Dios en Cristo Jesús, con una experiencia cósmica. Por eso se han publicado serias advertencias desde el magisterio: Estas propuestas u otras análogas de armonización entre meditación cristiana y técnicas orientales deberán ser continuamente cribadas con un cuidadoso discernimiento de contenidos y de método, para evitar la caída en un pernicioso sincretismo (6).

J. Pablo II advertía muy acertadamente sobre estos riesgos (7), al tiempo que ha recomendado repetidamente volver los ojos a las riquezas de nuestro propio patrimonio espiritual: Hay que volver a decir que solamente Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, que no hay otro nombre dado a los hombres por el cual podamos ser salvados (Hch 4,12).

Quizá la aproximación más objetiva al fenómeno místico procede de la Psicología Religiosa, disciplina que se aplica ya sea para intentar delimitar entre la simple enfermedad mental y la experiencia mística, ya para evaluar las interpretaciones o proyecciones que el orante puede hacer de estos estados -que son por definición no imaginativos- y que podrían derivar en visiones o audiciones extraordinarias. Aparte de estas manifestaciones, se reconocen unas cuantas características habituales del fenómeno místico en la Psicología Religiosa, como su carácter intuitivo (“toda ciencia transcendiendo”), o la ruptura de los límites del yo, aunque este último fenómeno tiene un fuerte componente corporal debido a la relajación, ya que la ausencia de estímulos propioceptivos (aquellos que informan sobre la propia posición en el espacio), hace que se pierda la referencia corporal y se tengan impresiones de desplazamiento, aumento o disminución de tamaño, que al principio pueden ser algo impresionantes. Santa Teresa posiblemente hacía referencia a este hecho cuando decía casi no me osaba bullir (8). Más profundo es el fenómeno de la pérdida del yo. Considerado por los psicólogos no religiosos como una regresión, la atenta lectura de los místicos permite adivinar cómo relatan, en una progresión creciente, que van teniendo conciencia de la atracción del yo por una realidad trascendente. Según Bernardh Grom, desde la óptica de la psicología religiosa, la experiencia mística sería un estado excepcional, inducible, reversible y positivamente experimentado (9).

Las manifestaciones extraordinarias de los místicos han atraído especialmente la atención de los psicólogos. Estas manifestaciones son comúnmente clasificadas en representaciones (imaginaciones vívidas), sueños despiertos (procesos imaginarios conscientes y activos), pseudoalucinaciones (puesto que se conoce su carácter falso) y alucinaciones propiamente dichas, en las que la visión es indistinguible de la realidad por el sujeto. Sin embargo, ya desde antiguo, la Teología había clasificado y valorado estas experiencias en tres tipos: las corpóreas, las imaginarias y las espirituales (10), que más o menos se corresponden bastante acertadamente con las anteriores. Pero para el orante la profundización en el estudio de este tipo de manifestaciones es irrelevante, puesto que de los testimonios de los místicos de la vía del recogimiento se deduce claramente que no forman parte del camino espiritual ordinario ni tampoco suelen darse en el período de la oración de recogimiento activo. Incluso se prevenía contra ellas como algo enfermizo: el alma a quien los ha dado Dios, que no son arrobamientos, sino alguna flaqueza natural, que puede ser a personas de flaca complexión (11).


(1) La Meditación Trascendental la difundió Maharishi Mahesh Yogi a mediados del siglo pasado. Se basa en la repetición de un “mantra” unos 15 a 20 minutos, 2 veces al día. Dicho mantra es un sonido que corresponde a la “vibración profunda” de cada ser y que no debe ser revelado a terceras personas. En 1980 se le consideró secta destructiva y fue prohibida en los EEUU.
(2) ENOMIYA-LASSALLE H M. Zen, un camino hacia la propia identidad. Ed. Mensajero, 1975
(3) En el camino budista de los “ocho pasos”, los siete primeros son un curso completo de mortificación del ego que puede identificarse con la práctica de las virtudes cristianas.
(4) Monje contemplativo de la Iglesia ortodoxa
(5) Cf. Relatos de un peregrino ruso, también conocido como El peregrino, aparecido en 1884.
(6) CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Algunos aspectos de la meditación cristiana. Carta de 15.10.1989,
(7) Visita ad limina apostolurum a los obispos norteamericanos, 18 de mayo de 1993
(8) Vida 24, 2
(9) GROM, B. Psicología de la religión pp 156. Herder, Barcelona 1994
(10) JUAN DE LA CRUZ, Subida al Monte Carmelo, Libro II, Cap I 200 Moradas 6M, 9
(11) Moradas 6M, 9
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