El peregrino oranteJaume Boada

Caminos de oración

Peregrino el silencio: has de descubrir en tu vida una ruta de oración. Es el Señor quien te habla:

Yo soy para ti un padre, el padre que te lleva de la mano.

Yo soy el Amor y te amo.

Cada momento de tu vida, cada sufrimiento, cada pecado de tu debilidad, cada pobreza de tu vida, cada alegría de tu camino, es la misericordia de mi amor en tu corazón.

No exijas. Mi tiempo no es tu tiempo.

Confía: yo soy el que te ama.

Vive con alegría, vive en paz de alma.

No te canses de caminar, incluso cuando crees que no avanzas en el camino.

No tengas dudas sobre tu futuro. No te inquietes ni te sobresaltes, porque mi Providencia sobre ti será siempre Amor que espera.

Confía y recuerda: y soy para ti el Padre.

Supérate. Tu debilidad será fuerza cuando ames.

Camina afianzando tu corazón en la atención y el silencio.

Interioriza: entra en tu propio interior. Insisto nuevamente en ello: introdúcete en la profundidad y plenitud de mi propio corazón de Padre y entonces verás que estoy tan cerca de ti… Yo soy el Padre que te quiero y te llevo en mis manos con amor.

Peregrino del silencio: esta es la respuesta al abandono pleno y total que siempre reconocemos como puerta que nos introduce en la contemplación.

Pero, a la hora de indicarte caminos de oración, quiero comenzar señalando los que ofrece la misma vida de cada día. Es nuestro imprescindible punto de partida. Es cierto: el camino de la vida de cada día, hecho con la conciencia de que Cristo, amigo y hermano, camina contigo, puede llegar a convertirse en una oración constante y profunda.

Todo esto nos ha sido dado gracias al don del Espíritu Santo que hora en nosotros. Él es la presencia viva del Padre. En Cristo y en el Espíritu Santo somos templos de Dios.

Todo se puede convertir en oración: ora tu propia vida. Porque orar es creer, es vivirlo todo en la presencia del Padre, ser conscientes de que estamos en sus manos, hacerlo todo acompañados de Cristo, ver la mano de Dios en las cosas, en los acontecimientos de la vida, leer las cartas dejadas por Dios en la naturaleza, descubrir el rostro de Cristo en los hermanos…

Orar es:

  • trabajar y vivir las cosas de cada día haciendo memoria del Padre;
  • recordar siempre la mirada amorosa de Cristo sobre nosotros;
  • pensar en Él;
  • abrirnos a la acción del Espíritu Santo;
  • vivir su presencia en lo más profundo de nuestro ser;
  • tener a Cristo en las palabras que decimos;
  • darlo a conocer en los gestos;
  • convertirnos en testimonios de su presencia;
  • alabarlo siempre y en todo lugar con nuestra alegría y optimismo;
  • darle gracias en todo y por todo;
  • convertirlo en motivo y alma de lo que somos, decimos o hacemos…

Orar es:

  • interceder, suplicar, pedir su amor a toda hora;
  • es tener la súplica en el corazón y los labios;
  • hacer silenciosamente frecuentes referencias a su mirada de amor sobre nosotros, sobre ti;
  • dejarlo entrar en la pequeña, a veces intrascendente vida de cada día;
  • dedicarle todos los días un tiempo gratuito;
  • adorar con sencillez y silencio su presencia;
  • hacer de la vida una respuesta que de a conocer que Él está en mi;
  • rezar con pequeñas y breves palabras de fe, de confianza.

Orar es amar, esto es:

  • aprender a hacer las cosas con amor sencillo y transparente;
  • recordar que Él nos ama y orar este recuerdo;
  • pensar en su amor y vivirlo todo con paz;
  • hacer de la vida un servicio de amor: amar a los hermanos como respuesta al don de sabernos amados; estar siempre dispuestos a dar una mano a quien nos lo pida; ayudar a quien vemos que necesita la ayuda de nuestras manos.

Orar es comprender, comprender al hermano, comprender las situaciones de la vida, comprender lo que Dios quiere de ti desde dentro del alma.

Orar es:

  • no pasar nunca de largo ante el sufrimiento del hermano, ser solidario, experimentar la misericordia del Padre y vivir en actitud de misericordia toda la vida;
  • ser compasivos de corazón y en verdad;
  • no desentendernos de nuestras responsabilidades en relación con los hermanos;
  • aceptar a los demás tal y como son por amor y por amor a Cristo;
  • perdonar de corazón las ofensas… y olvidarlas;
  • tener las mismas predilecciones de Cristo: los pequeños, los pobres, los minusvalorados, los incomprendidos;
  • acoger de corazón a los que no tienen lugar en la vida: los tristes, los que siempre se quejan, los egoístas, los difíciles
  • hacer todas las cosas que has de hacer con la convicción de que es un servicio de amor.

Orarás haciendo de la obediencia a la voluntad del Padre un gesto de amor, viviendo la fidelidad al tiempo diario de oración como un gesto de fidelidad al amor.

Amar a Dios siempre y en todo lugar y expresarlo con la palabra, con la mirada, con el recuerdo. Amarlo en todo, en todas las cosas, en todos los hermanos.

Vivir siempre con la convicción de que Él nos ama con un amor que no se agota ni tiene límites.

Ser testigos del amor que Dios nos tiene, amando, y convirtiendo todas nuestras cosas en un gesto de amor.

Orar para ti, hermano peregrino, ha de ser rezar con breves pensamientos y palabras de amor.

Orar es esperar, esto es:

  • confiar en la eficacia de su ayuda y la promesa del amor del Padre;
  • tener la paz que nos da la seguridad de su amor;
  • vivir el optimismo y el gozo que nace en el amor de Cristo;
  • convertir la vida en un camino de búsqueda del rostro del Padre;
  • creer en la fuerza de la súplica silenciosa;
  • dejarnos tomar por Cristo, permitir que su luz lo invada todo;
  • convertir la vida, el trabajo, la convivencia fraterna y familiar en un lugar de encuentro con Cristo;
  • dejarnos conducir y guiar por Él;
  • creer en la fuerza alentadora de la plegaria;
  • creer en la eficacia transformadora del amor de Cristo;
  • vivir la alegría y el optimismo como un canto de alabanza;
  • penetrar en el corazón de los hermanos confiando en su bondad;
  • tener en el corazón y en la vida la actitud gozosa de María en el Magnificat;
  • confiar en la palabra de Cristo;
  • comprometerte;
  • creer en la eficacia de la fidelidad al tiempo gratuito diario de oración;
  • confiarlo todo al amor de Cristo;
  • hacer del silencio un geto de esperanza.

Peregrino del silencio: sería interminable señalarte los caminos de oración que puedes encontrar en la vida. Contempla a María, la Virgen Madre del Señor, en el misterio de su oración. Ella es Madre del silencio, ella es Maestra de oración en la escuela del silencio. Únete a su camino, haz con ella tu ruta, ten paz, ten la seguridad de que, guiado por su mano, descubrirás que María es para ti Madre de la Esperanza, Madre tuya, peregrino orante.

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