El peregrino oranteJaume Boada

El silencio y tus miserias

Peregrino orante: permite que Jesús viva tu miseria. Es un buen consejo de un maestro de oración.

No hay silencio verdadero si no aceptas tu propia miseria, si no permites a Jesús que viva tu miseria, que more en tu miseria.

Para alcanzar el silencio, has de tener tu corazón en paz, y no tendrás nunca paz en tu corazón si tu pobreza te perturba.

Tu pobreza, tu miseria, es el barro que se adhiere con fuerza a la raíz de tu propio ser. Si asumes tu barro, si lo reconoces como parte de tu vida, no se te hará pesado, no te impedirá avanzar. Entonces piensas en Cristo, que te ama en tu pobreza. Él se hace pobre. Llega a ser pecado para redimir tu pobreza y, asumiéndola, te libera.

Aquél que nunca había conocido el pecado, dice San Pablo en su carta a los Corintios, por nosotros se hizo pecado. Él se hizo esclavo para asumir tu pobreza, para redimirla.

Es también Pablo a los Filipenses quien dice: Entre vosotros tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo haciéndose uno de tantos.

Ora desde tu miseria, peregrino orante. Vive en comunión con ella, reconócete en ella. Recuerda a Cristo esclavo y asume tu miseria. Ama a Cristo presente en tu miseria, vive en comunión con Él. Orarás, orarás y tendrás paz.

Sé solidario y comprensivo ante la miseria del hermano, porque tu oración te lleva a reconocerte en su miseria y a reconocer a Cristo presente en tu miseria.

Dios te ama en tu pobreza. Jesús quiere vivir tu pobreza: ten paz. Él te ama tal y como eres. Abre tu vida y permítele al Señor encarnarse en tu pobreza y en tus miserias. Él quiere orar en ti, por eso asume y redime tu pecado.

Viviendo en actitud orante serás humilde de corazón.

En la paz del silencio cava la tierra de tu alma para prepararla a recibir la semilla de la humildad, fuente de la oración y de la vida en Dios.

Contempla en silencio: Él te ama y te ama tal y como eres. Que no te inquieten tus miserias. Él, el padre, el tres veces santo te ama, cercano y comprensivo, en comunión con tu alma pobre.

Déjate guiar por Dios y permite que el viento del Espíritu Santo llene las velas de tu barca.

Si deseas hacer la ruta del silencio, deberás vivir en la humildad y en la pobreza de alma.

Ten paz. No te inquietes por nada. Acéptate. Asume en paz tu vida. Porque no podrá haber silencio en tu alma si no hay aceptación confiada de la propia limitación, si no reconoces tu pecado y te expones a la misericordia liberadora de Cristo.

En esta pobre y pequeña vida de cada día, con tus limitaciones y tus desconciertos, has de encontrar la ruta del silencio.

Reconoce tu pecado y tu infidelidad.

  • ¿Qué es lo que señalaría como causa de una vida eclesial en crisis?.

Le preguntaron a un ermitaño. Su respuesta fue sencilla:

  • La pérdida del sentido del pecado.

También le hicieron una segunda pregunta:

  • ¿Cuál es la dificultad más importante en la oración?

Respondió:

  • La falta de una conciencia del pecado y el hecho de que se olvide el pecado a la hora de establecer un punto de partida para una oración-encuentro de amor con el Dios que salva.

Reconoce tu pecado y tu infidelidad, peregrino orante. Son también parte de tu camino, pero no olvides que Él conoce y comprende, incluso mejor que tú mismo, tus propias limitaciones y te ama. Haz, pues, la ruta del desierto y del silencio con tu vida de cada día en las manos.

El silencio y el desierto, en el aprendizaje de las actitudes orantes, no pueden tener la belleza artificial de las cosas irreales o de un mundo imaginario.

Dios te ama en tu realidad concreta. Dios prefiere que, cuando ores, levantes unas manos manchadas por tu propio barro, y no las de quien ya se cree santo.

Por ello, preséntate ante Dios indefenso: no temas, no tengas miedo. Calla. Escucha. Si lo necesitas, llora. Ten paz en tu alma. Y, más que hacer, déjate transformar por Él. Por ello, no te examines, no quieras hacer nada. No programes. Busca sólo amar y acoge el amor de Dios en el silencio. Es tu mejor oración.

Vive en total comunión con el Padre en Cristo Jesús, tu compañero de ruta. El Espíritu Santo será tu única fuerza, el único aliento, tu verdadera oración. Él iluminará tu corazón cuando leas la Palabra en el silencio, en comunión con los hermanos.

Tu mejor camino de conversión, hermano, consistirá en llenar de bondad tu corazón. Y tu corazón será bueno cuando llegues a la comunión sencilla con Dios, con los hermanos, con el entorno, contigo mismo. Te ayudará a encontrar esta comunión el experimentar que Jesús vive en tu miseria y te ama.

La ruta del silencio es un lugar privilegiado para construir tu corazón orante, peregrino.

Ama la serenidad, la naturaleza, la simplicidad de corazón y de vida, la mirada bondadosa y fraterna. Busca la paz en tu entorno. Sé constructor de esta paz.

Ya que pides a Cristo que viva en tu miseria, tú no puedes olvidar ser un testimonio vivo de la comprensión entre los hermanos.

La ruta del silencio, tu camino de oración, no te aleja de los hermanos. Te enseñará a estar presente en todos desde la verdad de tu corazón que ama. En todo caso, deja que el Espíritu Santo te guíe siempre en la ruta.

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